Historia

Copilotos de TC: cómo era el arriesgado trabajo en la época de la ruta

En el libro “Turismo Carretera: 60 años de historia”, Waldemar Rodríguez, excopiloto de la “máxima”, dio detalles inéditos de la osada labor de los acompañantes.

El libro “Turismo Carretera: 60 años de historia”, escrito por Peter Hamm, repasa a fondo el período de la “máxima” comprendido entre 1937 hasta mediados de la década del ’90. En uno de los capítulos, Waldemar Rodríguez, excopiloto que corrió tanto en la época de las cupecitas como también en autos compactos, detalló el arriesgado trabajo que debían afrontar como acompañantes en el TC.

“En las antiguas cupecitas, cuando todavía se usaba en ellas el Ford 59AB o el Chevrolet de 4 bancadas, del lado del acompañante iba una bomba de agua manual con la que completábamos el circuito de refrigeración constantemente. Teníamos también un tachito fijo con una manguera que iba derecho al cárter”

Entonces cuando le faltaba aceite al motor, en la puerta llevábamos latas de aceite cerradas. Abríamos una de las latas y las volcábamos adentro del tachito. Un día en una carrera del autódromo voló el motor y la compresión tiró el aceite para atrás. Justo me había agachado a bombear agua, eso me salvo de quemarme la cara con lubricante hirviendo”.

Los cinturones de seguridad en esos tiempos eran de la cintura nada más. Los cascos eran chiquitos y obviamente abiertos, de aluminio o chapa. A lo sumo, los que tenían plata, usaban los de polo. No existían ni los cinturones dobles ni los cascos integrales. Las jaulas eran unos caños que en algo te salvaban, pero nada que ver con lo que vino después.     

Los 29 de octubre se celebra el Día del Acompañante y Copiloto del automovilismo argentino. En conmemoración a la muerte de Daniel Urrutia, copiloto de Juan Manuel Fangio que falleció en un accidente mientras participaban de la Buenos Aires-Caracas en 1948.

Los tanques de nafta estaban situados detrás de las butacas. Entonces cuando llegabas a los puestos de aprovisionamiento, que normalmente estaban en una curva cerrada o en la bajada a la tierra, te aflojabas el cinturón y te ponías de espaldas al parabrisas. Con las rodillas contra la butaca, los muchachos te metían el bidón adentro, no faltando las veces que te pegaban con él en el pecho, sacándote el aire o tirándote contra el piloto.

Copilotos TC
Este copiloto recibe el aro con la información. La tarea de piloto era vital.

Con los 2 o 3 bidones apoyados en la butaca, y siempre con el auto andando a ritmo de carrera, y sobre caminos que generalmente eran de tierra, tenías que destapar los bidones y el tanque metiendo el combustible adentro. En la vuelta siguiente tenías que tirar los bidones vacíos en el mismo lugar.

Tampoco teníamos radio, por lo que la información la tenías que dar con un aro de mimbre donde escribías el problema que tenías. De ese modo, por ejemplo, si el motor consumía mucho aceite los auxilios te esperaban en la otra pasada con las latas preparadas en la mano. De la misma manera ellos te avisaban cómo ibas clasificado y si tenías que apurar o no.

A lo largo de la historia del Turismo Carretera hubo más de 40 copilotos fallecidos. El primero fue Ernesto Barbetta -acompañante de Pedro Copalvo- en la 1ª etapa del Gran Premio de 1940.

Nosotros ese aro lo enganchábamos con el brazo, y por supuesto sin mermar en lo más mínimo la marcha. Era una maniobra peligrosa, pero claro está, no tanto como la recarga de combustible con el auto en marcha. Ya que en ésta varias veces por culpa de algún salto, quedábamos bañados de nafta tanto el piloto como yo.

Mouras y González sentados en el auto de TC.
Mouras junto a su copiloto, Amadeo González, fallecieron luego del gravísimo accidente que sufrieron en el semipermanente de Lobos en 1992.

“Una vez corriendo con un Torino del equipo Lutteral, estábamos bañados de nafta por esa causa. Al auto se le dio por empezar a ‘ratear’. Cuando llegamos al auxilio montado por el equipo, ellos estaban ocupados en el auto de Rodríguez Canedo. Entonces yo, para ahorrar tiempo, le pregunté a Oreste Berta qué tipo de inconveniente podíamos tener”.

“El Mago tocó unos pulsadores de la bomba de nafta que estaban en el medio de la butaca y nos dijo con tono de sentencia: ‘paren acá nomás porque tienen uno en corto. En cualquier momento se manda un chisporroteo’. Eso nos salvó seguramente de quemarnos vivos”.

Los copilotos se bajaron definitivamente del TC el 8 de mayo del 2007. Fue una decisión de la ACTC luego del accidente que se llevó la vida del piloto Guillermo Castellanos en Comodoro Rivadavia.

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