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Tulio Crespi, el artesano de la construcción

Tulio Crespi es sinónimo de autos de carreras. Empezó y trascendió con los monopostos, pero también marcó una época en el Turismo Carretera con la creación del Petiso-Torino. “Tuve más de 50 pilotos en el TC, un número increíble”, le dijo a SoloTC.

Mencionar a Tulio Crespi provoca, de inmediato, relacionar la charla con automovilismo. Comenzó a construir sus éxitos en el barrio porteño de Chacarita para luego, invitado por Juan Manuel Fangio, radicarse en Balcarce, ciudad que se convirtió en su casa desde 1985, y seguir con sus obras. A sus 82 años, sigue trabajando con la misma pasión de siempre en su taller de la ciudad bonaerense desde donde salen autos para la Argentina y muchos países de Sudamérica.

A los 13 años tuvo su primer trabajo. En el receso de verano escolar, Tulio pasaba muchas horas en una herrería donde, por su curiosidad y capacidad, comenzó a pensar en crear. Fue luego, por su hermano Carlos, que “conoció” al automovilismo deportivo cuando juntos concurrieron al autódromo porteño a ver una carrera de Fórmula 1, donde Fangio brillaba. Luego, el destino los volvería a unir.

Tras tener su corta experiencia como piloto, en los primeros años de la década del ’60, Crespi armó su primer taller en la Ciudad de Buenos Aires. De allí salió el Tulia, el auto de Fórmula con chasis de monocasco integral, un hito en su trayectoria. Ese auto le dio vida a un sinfín de categorías de monopostos, hoy representadas, entre otras, en la Fórmula Metropolina, el primer paso para los pilotos que desean hacer su escalera en la ACTC. Mis autos de fórmula disputaron más de 250 carreras. Es un gran orgullo”, le relata el preparador a SoloTC.

Con un lustro de experiencia, en 1967 llegó el momento del debut de Crespi en el Turismo Carretera. El primer TC que hice fue el ‘Petiso’ que fue el primer Torino que se modificó. Le corrí el motor y la caja 30 centímetros para atrás, bajé el auto -medía un metro- y le incliné el parabrisas. Todo eso se permitía en esa época”, expresa el prestigioso chasista. Aquel auto tuvo a Nasif Estéfano como piloto.

Largada TC Buenos Aires 1967
El “Petiso” (N°15) listo para largar en Buenos Aires. (Historia TC)

Luego llegó el turno de su “espejo”, el cual lo corrió Rodolfo De Álzaga y con el cual Crespi logró su primer triunfo en el TC. “Con ese auto, en 1968, ‘Rolo’ gana en las ‘2 horas de Esso’ en Rafaela con un promedio de 198,195 km/h en el óvalo original. Era algo sumamente importante para el momento. Ese auto tuvo buenas actuaciones. Carlos Marincovich también lo corrió y salió 2º con De Álzaga en una carrera de 2 pilotos”, agrega Tulio, quien reconoce que en total la producción del “Petiso” fue de 40 ejemplares.

¿Del TC de aquella época qué añorás que no tiene el actual?
– Son épocas muy diferentes. No se pueden comparar porque va cambiando todo. Si aquello fue mejor o peor es difícil de explicar. En mi época se podía probar más, trabajar más en los autos. Cada uno se hacía su auto y se dependía de muchas cosas. Hoy se unificaron elementos, pero así es el mundo, no solo nosotros. Todas las categorías lo hacen. Estas cosas se hacen por una cosa, por los costos. Cada vez se gasta más plata porque hay más tecnología. Antes era más artesanal y no se sabían tantas cosas como hoy. Antes, por ejemplo, se corría en la ruta y si hoy vemos en dónde se hacían esas carreras no se puede creer.

Tulio Crespi y Juan Manuel Fangio
Crespi junto a Fangio en la inauguración de la fábrica en Balcarce. (L. Crespi)

Siempre dio la sensación de que antes se trabajaba más en los autos.
– Toda época tiene su encanto. Yo considero que siempre se puede trabajar en los autos, por más que sean “iguales”. Hay que saber qué tocar y qué se le hace al coche. Con el mismo auto, hay muchas cosas para manejar. Es un conjunto con los pilotos. Siempre digo que pilotos hay muchos, pero inteligentes son muy pocos. Al piloto hay que hacerle hacer una escuela, que sepa de un auto de carreras. Antes se bajaban de la chata y corrían. Hoy no se puede.

Hoy tus autos, los Crespi, son con los que la ACTC inicia su formación de pilotos.
– Claro, y un ejemplo de lo que decía antes es Marcos Landa, que hizo toda la escuela de la ACTC. Cuando empezó, lo único que quería su abuelo era que él gire, que sume muchas vueltas y aprenda. Es como cualquier otro deporte, se necesita de mucha preparación. Si mañana querés jugar al tenis, tenés que entrenar mucho. Hoy si no se empieza antes de los 8 años te dicen que se llega tarde. Así está el deporte profesional en la actualidad.

Hace un tiempo decías que lo que no te gustaba de la actualidad es el sistema de campeonatos. ¿Qué es lo que cambiarías?
– Siempre consideré que al piloto hay que dejarlo ganar. Muchas veces te dicen que si gana el mismo no hay espectáculo a lo que respondo: si gana el mismo debe ser porque es bueno… Entiendo que haya que hacer cosas para el espectáculo, pero no lo puedo comprender. Lo mismo que cuando ganan una carrera y a la otra están 40º. No lo entiendo. Te dicen que no encuentran el auto, cómo puede ser. Entonces lo que me hace pensar, cuando dicen eso, que se ganó de casualidad.

Tulio Crespi
Crespi le da forma a la trompa de una Tulieta GT. (L. Crespi)

¿Sentís que se te homenajeó como lo merecés?
– Hay muchos que te lo agradecen en privado, como Oscar Aventin que me dijo que si era alguien en el automovilismo era por mí, pero homenaje no te hace nadie. Recién ahora me di cuenta de que se puede llenar un autódromo con todos autos míos, como sucedió con la Fórmula Metropolitana este año. Antes había más de 100 coches, pero no me daba cuenta. Sí me molesta que no se reconozca al auto como Crespi. En la planilla ponen que es un auto Renault y yo ni figuro… Eso me molesta porque le pongo alma, vida y corazón a todo esto. Lo más triste es que se van a acordar cuando me muera y ya no sirve.

Crespi, el padrino de Ortelli y Martínez

En la temporada 1994 Tulio Crespi tenía mucho trabajo en el Turismo Carretera. Atendió el Chevrolet de Juan María Traverso en su regreso a la “máxima” en las primeras 5 fechas, y luego siguió con los Ford de Fabián Acuña y Eduardo Romero, más la Chevy de Carlos Garrido, entre otros. Para la 10ª fecha del campeonato se desarrollaron las “2 horas de TC” en Buenos Aires. Aquel domingo 11 de septiembre se produjo el debut en la categoría Guillermo Ortelli y Omar Martínez.

Fabián Acuña - Guillemo Ortelli
El Ford de Acuña atendido por Crespi, con el que debutó Ortelli. (Historia TC)

“Trabajaba con Acuña y lo llevé a Ortelli para que lo acompañe y con el ‘Chueco’ Romero iba a correr el ‘Toto’ Etchegaray pero tuvo un accidente con un criquet, se golpeó la cara y no podía correr, entonces ahí lo llamé al ‘Gurí’ Martínez para que venga a correr. Mirá qué épocas, corrían sin tener que pagar, impensable hoy, relata el porteño sobre aquel momento histórico para el TC moderno. Desde el ‘Petiso’, la trompa de la Liebre II y los autos del TC actual, Crespi trabajó con más de 50 pilotos en la categoría. Cuando empecé a anotar con todos los que había trabajado llegué a ese número y no lo podía creer, concluye Tulio Crespi, una marca indeleble del automovilismo argentino.

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